marx, marxismos, ecosocialismos: reflexiones de emilio santiago muíño

[Hilo de ESM en Twitter: aquí el hilo ]

Ya disponible el audio de la charla “De la destructividad de las fuerzas productivas” que ofrecí en el curso “Las armas de la crítica” organizado por @NocionesComunes en @traficantes2010. Marx y ecología como tándem necesario pero problemático [ABRO HILO]  https://bit.ly/2AGeMVa 

1º idea fuerza: para entender la crisis ecosocial e intervenir políticamente en ella desde posiciones emancipadoras, Marx es imprescindible. Pero al mismo tiempo Marx no nos basta. Por eso, como afirmaba Paco Fernández Buey necesitamos un marxismo sin miedo a la herejía.

Por ejemplo ni la metáfora base-superestructura, ni el determinismo económico, ni el proletariado como clase mesiánica que traerá sí o sí el comunismo, ni el comunismo como fin de los conflictos humanos: estos esquemas no han superado el banco de pruebas del siglo XX.

Estos presupuestos falsos derivan de una teoría que ha primado la unidad de lo social como axioma central. Pero hay otra hipótesis fundamental del pensamiento de Marx que tampoco se sostiene: la abundancia material. Actualizar a Marx ecológicamente implica discutir con ella.

Una tarea de la que no partimos de cero: ahí están los trabajos de Harich, O’Connor, Tanuro, Löwy, JB Foster, Saito y en España Sacristán, Fernández Buey, Sempere, @JorgeRiechmann. Y por supuesto, los propios atisbos ecológicos de Marx, como la idea de fractura metabólica.

¿Nos sirve Marx para pensar la crisis ecológica de un modo que sin él sería indescifrable? Sin duda, ya que ésta es una crisis de extralimitación del sistema capitalista. Y como Marx descifró la dinámica general del capitalismo, su obra es parada obligatoria.

También está toda la gestión de clase de la crisis ecosocial: acaparamientos de tierra y recursos, externalización social del daño ambiental, rentismo extractivista… y los planes distópicos de los ricos para librarse de los peores efectos del desastre en curso.

Pero el mejor aporte de Marx a la crisis ecosocial y su comprensión es la cuestión del fetichismo: “no lo saben pero lo hacen”. Como dice Martínez Marzoa, el hecho históricamente excepcional de que nuestra sociedad sea la primera de la historia con una estructura económica.

De Río 92 a Katowice 18 se suceden esperpentos teatralizados en los que la gobernanza capitalista global deja constancia a los historiadores del futuro de una de las causas del colapso en marcha: esa gobernanza sólo sirve para allanar el camino a la tumoración del capital.

El pensamiento de Marx tiene una actualidad rabiosa porque nos ayuda a comprender que el capitalismo no es sólo un plan político dirigido por una lumpenburguesía codiciosa, sino un sonámbulo histórico sin control, como demuestra su incapacidad para frenar el colapso ecológico.

Problema: Marx mezcló un análisis penetrante de la sociedad moderna, descubriendo uno de sus núcleos constituyentes, con una vaga especulación sobre la sociedad poscapitalista futura. En esta última se proyectaron de modo irreflexivo sus presupuestos teóricos más frágiles.

Por ejemplo se pensó el comunismo desde esa hipótesis de abundancia material que se ha demostrado un sueño cornucopiano erróneo, propio del siglo XIX. No existe abundancia material sustantiva en un planeta finito regido por las leyes de la termodinámica.

La abundancia material es importantísima para imaginar una sociedad en la que la cooperación socialista no es fruto de una explosión moral de altruismo (una sociedad de santos) sino que está socialmente determinada por una estructura donde prima el interés común.

También es la clave de bóveda de un sistema productivo posteconómico: sin coste de oportunidad, sin opciones mutuamente excluyentes, sin insatisfacción, que permita espontáneamente la colaboración coordinada y armoniosa de los productores asociados.

Esta abundancia además sería fruto de un desarrollo tecnológico que traería otras buenas noticias: una es la reducción radical del tiempo de trabajo gracias a la automatización, base de un ser humano total que tuviera tiempo para entregarse a la política, la cultura, el arte…

La otra, que Marx no pudo ver, pero fue y es un problema clave del socialismo tras el fracaso de la planificación centralizada: mecanismos técnicos para una planificación económica de una eficacia superior al mercado.

Este asunto se llamó en el siglo XX “solución computacional al cálculo económico socialista”. Parece que coordinar planificadamente una economía moderna compleja con telégrafo y ferrocarril, como intentó la URSS al principio de la revolución, fue una tarea condenada al fracaso.

Hay quien defiende que el socialismo fue una empresa prematura porque quiso hacer políticamente lo que técnicamente era imposible: gestionar el inmenso volumen de información dispersa de una economía moderna desde un centro gubernamental con tecnologías rudimentarias.

Pero hoy la informática, la microelectrónica y el internet distribuido estarían dando una segunda oportunidad para una suerte de cibercomunismo. Con sus notables diferencias entre ellos, esta es la idea de Negri, Kurz, Mason, Cockshott y Cottrell, Gorz…

¿Pero y si este despliegue del cibercomunismo a nivel mundial estuviera ecológicamente comprometido por la escasez de energía neta y de recursos minerales? Ésta es una pregunta retórica. Dada nuestra extralimitación ecológica, universalizar estas tecnologías resulta imposible.

Por tanto, una de las grandes tareas del siglo XXI es construir una idea “no fosilista” de la emancipación humana. Y por tanto un horizonte utópico mucho más humilde. @casdeiro propone pensarla bajo la idea, popularizada por Ursula LeGuin, de “volver a casa”.

¿Qué puede significar un ecosocialismo que vuelva a casa? Vidas materialmente más austeras, pero más seguras y también más plenas. Que combinen, como proponen Carlos Fernández Liria y Santiago Alba Rico, el paquete antropológico “neolítico” con los avances de la Ilustración.

Donde el programa ecofeminista de poner la vida en el centro, desfeminizando los cuidados y repartiéndolos igualitariamente entre hombres y mujeres, pero también valorándolos simbólica y económicamente, pueda ser parte de nuestra agenda central como sociedad.

Y donde un nuevo modelo de felicidad pueda levantarse alrededor de los dones de la lujosa pobreza: vidas con tiempo y disposición para el disfrute del amor, la amistad, el sexo, el deporte, la creatividad, la gastronomía, la pereza, la mística o cualquier otra pasión con sentido.

Todo esto mucho mejor expuesto en este artículo escrito en Constelaciones:  https://bit.ly/2EXun7m  Y también en el capítulo “Los frutos podridos de la economía política” del libro Ecosocialismo Descalzo, con @JorgeRiechmann, Adrián Almazán y Carmen Madorrán [FIN]