curso “clásicos del pensamiento crítico” desde febrero a mayo

A partir del 12 de febrero, los martes por la tarde en la UAM, curso CLÁSICOS DEL PENSAMIENTO CRÍTICO coordinado por César de Vicente Hernando y Jorge Riechmann.

Matrícula abierta. ¡Se otorgarán entre 10 y 13 becas de matrícula!

Las distintas concepciones del mundo y de las sociedades han contado con discursos analíticos y reflexivos capaces de pensarlas en su complejidad, señalando sus aporías, sus contradicciones y afirmando sus horizontes de posibilidad transformadora. Este pensamiento crítico, que se ha desarrollado en todos los continentes y en todas las épocas, ha ido conformando un conjunto de ideas, metodologías y experiencias prácticas útiles tanto para conocer en profundidad nuestro tiempo como para afrontar las necesidades de cambio social radical que hoy existen. La naturaleza de este pensamiento crítico procede de una diversidad de tendencias, desde la teología de la liberación hasta el anarquismo, desde la defensa de los animales y la lucha por una ética de la tierra hasta la extensión de la justicia social y el final de los sistemas inhumanos que dominan nuestro mundo. Su objeto crítico es el fundamento de muchos planteamientos políticos, económicos e ideológicos sobre los que se sostienen nuestras sociedades. A través del estudio y la discusión de un conjunto de textos clásicos del pensamiento crítico, este curso presenta un discurso emancipatorio de la humanidad y las formas sociales en las que puede materializarse.

Sesión 1.- Historia general del pensamiento crítico

Sesión 2.- Feminismo y socialismo: Flora Tristán

Sesión 3.- Para una reforma moral e intelectual: Antoni Gramsci

Sesión 4.- La República de los consejos: Rosa Luxemburg

Sesión 5.- La obsolescencia del ser humano: Günther Anders

Sesión 6.- Crítica del espectáculo: Guy Debord

Sesión 7.- El pensamiento revolucionario: Ernesto “Che” Guevara

Sesión 8.- Imaginario social y verdad: Cornelius Castoriadis

Sesión 9.- Cultura e historia común: Raymond Williams

Sesión 10.- Por una ética de la tierra: Aldo Leopold

Sesión 11.- Pensar global y ecológicamente: René Dubos

Sesión 12.- Puesta en común

próximamente, tres debates en torno al libro “las cenizas de prometeo” de joaquim sempere

Viernes 18 de enero, 19 horas, en Enclave de Libros (C/ Relatores 16, Madrid). Acompañarán al autor María Ruiz Luque (de GASP, el Grupo de Análisis Social y Político), Héctor Tejero (investigador científico y miembro del colectivo Contra el Diluvio) y Jorge Riechmann (escritor y profesor del Departamento de Filosofía de la UAM).

presentación quim sempere en enclave

Martes 22 de enero, 18’30 horas, en el Espacio Abierto de FUHEM (Avenida de Portugal 79 (posterior), Madrid).

En este caso, el acto será retransmitido por streaming  a través de este canal de youtube

presentación quim sempere en fuhem

Miércoles 23 de enero en Móstoles, 19 horas, en el local de Rompe el Círculo (Paseo de la Estación 10).

presentación quim sempere en móstoles

Recordemos esta entrevista: sobre transiciones energéticas, noviembre de 2018

marx, marxismos, ecosocialismos: reflexiones de emilio santiago muíño

[Hilo de ESM en Twitter: aquí el hilo ]

Ya disponible el audio de la charla “De la destructividad de las fuerzas productivas” que ofrecí en el curso “Las armas de la crítica” organizado por @NocionesComunes en @traficantes2010. Marx y ecología como tándem necesario pero problemático [ABRO HILO]  https://bit.ly/2AGeMVa 

1º idea fuerza: para entender la crisis ecosocial e intervenir políticamente en ella desde posiciones emancipadoras, Marx es imprescindible. Pero al mismo tiempo Marx no nos basta. Por eso, como afirmaba Paco Fernández Buey necesitamos un marxismo sin miedo a la herejía.

Por ejemplo ni la metáfora base-superestructura, ni el determinismo económico, ni el proletariado como clase mesiánica que traerá sí o sí el comunismo, ni el comunismo como fin de los conflictos humanos: estos esquemas no han superado el banco de pruebas del siglo XX.

Estos presupuestos falsos derivan de una teoría que ha primado la unidad de lo social como axioma central. Pero hay otra hipótesis fundamental del pensamiento de Marx que tampoco se sostiene: la abundancia material. Actualizar a Marx ecológicamente implica discutir con ella.

Una tarea de la que no partimos de cero: ahí están los trabajos de Harich, O’Connor, Tanuro, Löwy, JB Foster, Saito y en España Sacristán, Fernández Buey, Sempere, @JorgeRiechmann. Y por supuesto, los propios atisbos ecológicos de Marx, como la idea de fractura metabólica.

¿Nos sirve Marx para pensar la crisis ecológica de un modo que sin él sería indescifrable? Sin duda, ya que ésta es una crisis de extralimitación del sistema capitalista. Y como Marx descifró la dinámica general del capitalismo, su obra es parada obligatoria.

También está toda la gestión de clase de la crisis ecosocial: acaparamientos de tierra y recursos, externalización social del daño ambiental, rentismo extractivista… y los planes distópicos de los ricos para librarse de los peores efectos del desastre en curso.

Pero el mejor aporte de Marx a la crisis ecosocial y su comprensión es la cuestión del fetichismo: “no lo saben pero lo hacen”. Como dice Martínez Marzoa, el hecho históricamente excepcional de que nuestra sociedad sea la primera de la historia con una estructura económica.

De Río 92 a Katowice 18 se suceden esperpentos teatralizados en los que la gobernanza capitalista global deja constancia a los historiadores del futuro de una de las causas del colapso en marcha: esa gobernanza sólo sirve para allanar el camino a la tumoración del capital.

El pensamiento de Marx tiene una actualidad rabiosa porque nos ayuda a comprender que el capitalismo no es sólo un plan político dirigido por una lumpenburguesía codiciosa, sino un sonámbulo histórico sin control, como demuestra su incapacidad para frenar el colapso ecológico.

Problema: Marx mezcló un análisis penetrante de la sociedad moderna, descubriendo uno de sus núcleos constituyentes, con una vaga especulación sobre la sociedad poscapitalista futura. En esta última se proyectaron de modo irreflexivo sus presupuestos teóricos más frágiles.

Por ejemplo se pensó el comunismo desde esa hipótesis de abundancia material que se ha demostrado un sueño cornucopiano erróneo, propio del siglo XIX. No existe abundancia material sustantiva en un planeta finito regido por las leyes de la termodinámica.

La abundancia material es importantísima para imaginar una sociedad en la que la cooperación socialista no es fruto de una explosión moral de altruismo (una sociedad de santos) sino que está socialmente determinada por una estructura donde prima el interés común.

También es la clave de bóveda de un sistema productivo posteconómico: sin coste de oportunidad, sin opciones mutuamente excluyentes, sin insatisfacción, que permita espontáneamente la colaboración coordinada y armoniosa de los productores asociados.

Esta abundancia además sería fruto de un desarrollo tecnológico que traería otras buenas noticias: una es la reducción radical del tiempo de trabajo gracias a la automatización, base de un ser humano total que tuviera tiempo para entregarse a la política, la cultura, el arte…

La otra, que Marx no pudo ver, pero fue y es un problema clave del socialismo tras el fracaso de la planificación centralizada: mecanismos técnicos para una planificación económica de una eficacia superior al mercado.

Este asunto se llamó en el siglo XX “solución computacional al cálculo económico socialista”. Parece que coordinar planificadamente una economía moderna compleja con telégrafo y ferrocarril, como intentó la URSS al principio de la revolución, fue una tarea condenada al fracaso.

Hay quien defiende que el socialismo fue una empresa prematura porque quiso hacer políticamente lo que técnicamente era imposible: gestionar el inmenso volumen de información dispersa de una economía moderna desde un centro gubernamental con tecnologías rudimentarias.

Pero hoy la informática, la microelectrónica y el internet distribuido estarían dando una segunda oportunidad para una suerte de cibercomunismo. Con sus notables diferencias entre ellos, esta es la idea de Negri, Kurz, Mason, Cockshott y Cottrell, Gorz…

¿Pero y si este despliegue del cibercomunismo a nivel mundial estuviera ecológicamente comprometido por la escasez de energía neta y de recursos minerales? Ésta es una pregunta retórica. Dada nuestra extralimitación ecológica, universalizar estas tecnologías resulta imposible.

Por tanto, una de las grandes tareas del siglo XXI es construir una idea “no fosilista” de la emancipación humana. Y por tanto un horizonte utópico mucho más humilde. @casdeiro propone pensarla bajo la idea, popularizada por Ursula LeGuin, de “volver a casa”.

¿Qué puede significar un ecosocialismo que vuelva a casa? Vidas materialmente más austeras, pero más seguras y también más plenas. Que combinen, como proponen Carlos Fernández Liria y Santiago Alba Rico, el paquete antropológico “neolítico” con los avances de la Ilustración.

Donde el programa ecofeminista de poner la vida en el centro, desfeminizando los cuidados y repartiéndolos igualitariamente entre hombres y mujeres, pero también valorándolos simbólica y económicamente, pueda ser parte de nuestra agenda central como sociedad.

Y donde un nuevo modelo de felicidad pueda levantarse alrededor de los dones de la lujosa pobreza: vidas con tiempo y disposición para el disfrute del amor, la amistad, el sexo, el deporte, la creatividad, la gastronomía, la pereza, la mística o cualquier otra pasión con sentido.

Todo esto mucho mejor expuesto en este artículo escrito en Constelaciones:  https://bit.ly/2EXun7m  Y también en el capítulo “Los frutos podridos de la economía política” del libro Ecosocialismo Descalzo, con @JorgeRiechmann, Adrián Almazán y Carmen Madorrán [FIN]

reflexión de emilio santiago muíño (sobre “chalecos amarillos”, transiciones energéticas, ecofascismos…) que se volvió viral

Emilio Santiago@E_Santiago_MuinActivista ecosocial en @ITRompe. Doctor en Antropología. Director de @MostMedioAmb por compromiso. Mc fracasado y surrealista extemporáneo por vocación.Dec. 06, 2018

 

La revuelta de los chalecos amarillos en Francia es solo el trailer de la peli de la crisis ecosocial que lo va a cambiar todo en las próximas décadas. Algunas reflexiones generales [ABRO HILO LARGO]

Si la extralimitación ecológica tiene un talón de Aquiles son los combustibles líquidos y el sistema de transporte. Nuestras sociedades van a crujir primero por esa costura. Por un lado un hábitat y una economía dispersa y deslocalizada hasta el delirio.

Por otro lado el 95% del transporte hoy depende del petróleo. Y por tanto de un recurso (a) finito y en rendimientos decrecientes (b) contaminantes y (c) responsable del cambio climático. Aunque no se hable tanto, la variable (a) es clave.

De hecho, el problema oficial con el diésel es una cortina de humo respecto al problema real. De los petróleos no convencionales no se refina diésel. Y como el petróleo convencional ya está en declive geológico, el auge de los no convencionales trae problemas de suministro.

La contaminación y el efecto invernadero ya se conocían hace años. Lo que ha cambiado para que se ponga tanto el acento en el diésel ahora es que vamos a horizontes de escasez. Es más complejo, pero lo explica genial @amturiel en este post:  https://bit.ly/2QB98gU 

Ahora bien, los chalecos amarillos dan la razón a @fmarcellesi. Si la transición ecológica no es socialmente justa, no será. Pero ¿qué puede significar esto más allá del eslogan?¿Cómo hacer políticas de transición ecológica serias y justas, ganar elecciones y revalidar gobiernos?

Primera idea clave: aquí hay un cuello de botella técnico muy complejo. Un nudo gordiano que la espada de la voluntad política sólo puede romper con rapidez arriesgándose al desastre. Hay que deshilar fino y con paciencia estratégica aunque no tengamos mucho tiempo.

Este es el cuello de botella: la mayor parte del transporte no se puede electrificar. Ni siquiera el parqué de automóviles privados del mundo se sustituirá al 100% porque no hay reservas minerales que puedan soportarlo (litio y platino). Pero este es el problema “menor”.

“Menor” entrecomillas. Es posible imaginar que lo gestionamos cambiando el uso social del coche y con transporte público. Pero esto es madridcéntrico: en el mundo rural o en áreas metropolitanas extensas de provincia sin infraestructuras de transporte público, es un problemón.

Pero el problema es mucho mayor para el gran transporte de mercancías, maquinaria agrícola, maquinaria pesada de minería, aviación y general todo vehículo cuya relación carga-potencia hace inimaginable, con la tecnología de hoy, su electrificación.

La solución real pasa por una reordenación ecológica del territorio a gran escala, y sin precedentes, que combine transformaciones radicales y muy rápidas en el modelo productivo, en la forma de habitar y el sistema de transporte. Algunas ideas para el debate:

1) Relocalizar la producción y la vida de modo muy intenso. Urbanismo de contención para ciudades vivibles a pie, en bicicleta y transporte público. Repoblación agroecológica de los desiertos demográficos del país y reequilibrio territorial.

2) Ferrocarril como vertebrador del territorio y como sistema fundamental del transporte de mercancías. Esto en España implica dar la vuelta al modelo de la alta velocidad. El tren que necesitamos no es el AVE. Y sufre décadas de abandono. Ah, y navegación a vela más eficiente.

3) Reducir mucho la movilidad privada motorizada (de combustión pero también eléctrica) Priorizar aquella socialmente útil: maquinaria agrícola y pesada; flotas de servicios públicos (transporte, bomberos, ambulancia, policía); sistemas logísticos capilares en entornos dispersos.

4) Reducir drásticamente la aviación, el transporte más insostenible. Esto tendrá graves implicaciones que deben preverse en la industria turística y en el epicentro del modelo de felicidad de la ingeniería social neoliberal (que es precariedad a cambio de un mundo low-cost).

Todas estas medidas son cambios estructurales profundos que requieren 20 años y un Estado capaz de intervenir en la economía con otras herramientas que no sean solo la monetaria y la fiscal. Es decir, requieren algo así como una economía de guerra ecosocialista.

Como no tendremos la varita mágica de la revolución ecosocialista, ¿qué hacemos aquí y ahora? Intentar una estrategia dual. Medidas para aliviar las cargas sobre los de abajo mientras que se emprenden en paralelo reconversiones estructurales hasta donde podamos. Posibilidades:

a) Acompañar la subida de la carga fiscal ecológica con una fuerte subida de la carga fiscal general, y que esta última sea muy progresiva. Lo que no se puede tolerar es el modelo Macron: suben carburantes que son primera necesidad para pobres y bajan los impuestos de patrimonio

b) Se puede poner el énfasis fiscal no solo en los ciudadanos ricos sino en los beneficios de las empresas históricamente responsables. Pero tiene sus riesgos: si las empresas externalizan en los trabajadores sólo se trasladará la injusticia y la conflictividad inherente.

c) Como defiende @fmarcellesi, asegurar que cada euro recaudado por la fiscalidad ecológica se destina a la transición ecológica, especialmente a financiar las medidas de fondo de reordenamiento ecológico del territorio y el sistema de transporte:  https://bit.ly/2Qd98o1 

d) Si a alguien se le ocurre cómo aplicar un impuesto progresivo al consumo de carburante que sea diferencial en función del poder adquisitivo sin generar un infierno burocrático (tarjeta digital?) o un inmenso mercado negro, igual merecería el Nobel ecosocialista del futuro.

Con esto cierro. Ya no estamos en Río 92. El desarrollo sostenible gradual y civilizado se nos escapó y ya no está a nuestro alcance. Hoy no hay forma de que la transición ecológica no genere, en sistemas democráticos, una inmensa fricción social y muchísimas resistencias.

Decir esta verdad es aún electoralmente suicida. Pero también es la única vacuna para que el choque con la realidad de la extralimitación no lo rentabilicen los nuevos fascismos. Necesitamos ensayar un discurso ecosocial sincero y responsable, pero políticamente ilusionante [FIN]

aquí se compiló el hilo

aquí lo abrió Emilio

y aquí el artículo posterior que lo amplió (junto con Héctor Tejero)

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